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Geobiología, ciencia del hábitat.
Radiestesia Deberíamos definir la geobiologia como la ciencia que estudia la relación entre gea, tierra –las energías procedentes de la tierra-, y bios, vida –los seres vivos que la habitan-. Pero en la practica y con el tiempo, su campo de acción ha ido ampliándose con el propósito de abarcar todos los elementos o factores que intervienen en los procesos vitales, sobre todo aquellos que afectan a la salud o enfermedad de los seres vivos, y en especial de los humanos. Evidentemente, el termino geobiologia resulta pobre e incluso impropio para englobar todos los campos que hoy en día abarca esta ciencia. A pesar de lo cual seguimos haciendo uso frecuente del nombre, quizá porque ha supuesto a lo largo de muchos años una puerta abierta al flujo de conocimientos que, a través de ellas, hemos ido absorbiendo e integrando constantemente. Nos ha resultado, pues, de incalculable utilidad y nos ha ayudado a mejorar la relación con el medio en que nos desenvolvemos. Especialmente con el planeta Tierra y con el cosmos en su conjunto. Quizá seria mejor llamar a esta ciencia “cosmogeobiologia” o tal vez “domologia”: domus significa morada, vivienda, y logos, estudio, ciencia. El estudio de las viviendas y su relación con la salud y los procesos de enfermedad es, en definitiva, el trabajo de las personas que desde hace unos decenios cultivan esta disciplina. Aquella relación era en principio insospechada, pero poco a poco ha ido confirmándose. Durante años, estas investigaciones llevadas a cabo por médicos, biólogos, geólogos, arquitectos y otros investigadores libres fueron configurando lo que hoy conocemos como geobiologia. La razón de este nombre se debe en parte a la observación inicial de que muchas de las enfermedades y trastornos padecidos por numerosas personas aparecían asociados a las radiaciones procedentes del subsuelo de los lugares habitados: radiación gamma gas radón, presencia de fallas o fisuras, capas freáticas, alteraciones del campo magnético terrestre, etc. Al profundizar en la geobiologia, descubrimos vidas enteras dedicadas en la investigación de estos temas. En Alemania, encontramos al doctor Hartmann, al ingeniero Robert Endros, al físico Kining, al profesor de arquitectura K.E. Lotz, al arquitecto Antón Schneider... en Francia, al doctor Pierre, al ingeniero P. Cody, a los arquitectos Remi Alexandre, Pierre le Chapellier, J.Ch. Fabre, al fisico Yves Rocard. En Suiza, a la doctora Blanche Merz o al doctor Jenny. De hecho, es interminable la lista de investigadores cuyas conclusiones no dejan lugar a dudas sobre la importancia y la incidencia de las radiaciones del lugar, y su relación con muchos de los males y enfermedades padecidos por la mayor parte de la población. Hoy, la geobiologia empieza a reconocerse como ciencia, y es materia de estudio en las universidades. Deja de considerarse una seudo ciencia, como se la ha venido clasificando hasta hace poco. Preciso es reconocer, sin embargo, que muchos de los divulgadores de esta nueva y apasionante ciencia han contribuido a que se adjudicase a la geobiologia la etiqueta de falta de rigor e incluso de paciencia. Digamos, en descargo de los responsables del malentendido, que demasiado a menudo la sensibilidad personal y la intuición no corren parejas con una buena formación científica ni con grandes dotes de elocuencia. Pero el que ciertos “sensitivos” no sepan expresarse correctamente o desconozcan el lenguaje y los postulados de la ciencia aceptada como valida en nuestros días no debería descalificarles por completo. Quizás sea necesaria cierta dosis de humildad y tolerancia y una mayor amplitud de miras por parte de quienes ostentan las cátedras del saber actual. A fin de cuentas, si las verdades del pasado resultan desfasadas y obsoletas hoy día, ¿acaso no ocurrirá lo mismo con los postulados y las certidumbres aceptadas como validas por la ciencia actual? Tiempo al tiempo. Legados históricos. Al tratar de geobiologia, es inevitable tener en cuenta los indicios que a través de la historia nos muestran, de forma inequívoca, la existencia de conocimientos ancestrales que evidencian la importancia otorgada al lugar y a las influencias positivas o negativas que este podía ejercer sobre sus moradores. En los libros y artículos en que se aborda el tema de la geobiologia y la biocontruccion, así como en el precedente libro Vivir en casa sana, se hace referencia al conocimiento que las antiguas civilizaciones poseían sobre la incidencia de determinadas energías sobre los seres vivos. Los antiguos chinos, con sus normas y conocimientos resumidos en el arte geomantico del Feng-Shui, prohibían la construcción de viviendas para las personas o cobijos para los animales sobre lo que ellos denominaban las venas del dragón o las salidas de los demonios. Los romanos hacían pacer durante largos periodos rebaños de ovejas en los terrenos donde se pensaba fundar una ciudad. Tras el sacrificio de los animales, estudiaban su hígado, cuyo estado les ofrecía información sobre la calidad del terreno. De este modo decidían la implantación definitiva o el desplazamiento hacia otro lugar mas favorable. Sabemos que los indios de América de Norte dejaban pastar libremente sus caballos y observaban con atención sus lugares preferidos. Lugares que, naturalmente, eran elegidos para establecer el campamento. Algo similar siguen haciendo hoy día algunas tribus nómades del desierto –como los míticos tuareg-, que se acompañan en su deambular por perros, y el lugar que elijan estos para descansar será automáticamente ocupado por las tiendas de campaña. Son conscientes de que la sensibilidad de esos animales les ofrecerá unos lugares favorables para el descanso. En cambio, en las zonas de gran radioactividad natural hallamos los lugares sagrados, zonas de culto milenario o de reposo de los antepasados. Nuestras mediciones actuales nos muestran fuertes anomalías geomagnéticas, elevados niveles de radioactividad u otras alteraciones geofísicas en tales asentamientos, que, por regla general, fueron marcados por petroglifos, menhires, pirámides u otras construcciones pétreas que siguen indicándonos la presencia de algo especial, de una energía que convenía tener en cuenta o temer, según el caso. Todo este antiguo conocimiento de las energías del lugar, teñido de sacralidad, lo hallamos vivo en muchas culturas primitivas aun no destruidas por la penetración de la influencia occidental, racional a ultranza e incapaz de abrirse al mundo de la dimensión sutil de la realidad. Los libros de Carlos Castaneda sobre las enseñanzas de Don Juan nos brinda un buen ejemplo de ello. El chaman propone al autor concentrarse, buscar y sentir los diferentes lugares hasta que halle un “sitio” en el suelo donde pueda acomodarse sin fatiga y sentirse fuerte y feliz de forma natural y espontánea. De hecho, en cada cultura, en cada civilización se hacia uso de la observación de la naturaleza e incluso, en ocasiones se recurría a ciertas percepciones extrasensoriales que permitían establecer la salubridad o nocividad de cada lugar. Resultando de vital importancia las funciones desempeñadas por el sacerdote, el chaman, el brujo, el augur, el sabio o el zahorí del lugar. Hoy en día nos vemos forzados a recurrir a la electrónica y a sus avanzados instrumentos de medición, pero la lógica nos dice que en ningún momento podemos menospreciar los conocimientos y saberes aportados por los sistemas y la metodología de percepción mas tradicional. La actual radiestesia nos ofrece una vía de experiencia y conocimiento que, apoyada por los perfeccionamientos de la electrónica, será de gran ayuda en el discernimiento de las diferentes energías y radiaciones presentes en cada lugar y en cada rincón de nuestra vivienda, percepciones que nos permitirán aprovechar la afinidad de “buenos sitios” que existen a nuestro alrededor. Cierto que tampoco podemos sustraernos a que cada vez resulta mas difícil hallar un buen lugar, puesto que a las conocidas radiaciones cósmicas, solares y terrestres debemos añadir las intensas radiaciones generadas por el hombre en sus constantes progresos socioeconómicos e industriales. Por ello, los antiguos conocimientos legados por milenarias civilizaciones los completaremos con los de la ciencia contemporánea. Así, la moderna geobiologia, ciencia puente entre antiguos conocimientos y los descubrimientos mas recientes incorpora en su investigación los datos aportados por las mas diversas ramas del saber académico actual: astrofísica, geobiologia, biomagnetismo, hidrología, medicina, neurología, etc. Naturalmente el concepto geobiológico resultara pobre para designar la gran variedad de situaciones y elementos que intervienen en esos procesos de equilibrio o desequilibrio –ya sea fisico o mental- que a todos nos afectan. Al parecer, nuestra morada, nuestro hábitat, el lugar de trabajo o descanso, ejerce una presión y produce unos resultados de considerable importancia, que no podemos desdeñar ni pasar por alto. |
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